Debo reconocer, en honor a la verdad, que aquella cena del 17 de noviembre de 2006 despertó en más de uno, entre los que me incluyo, un cierto desasosiego, pero sobre todo mucha expectación. Supongo que no es fácil un reencuentro diez años después, cuando los años transcurridos son los de la transición hacia la madurez física, y debería decir mental, aunque eso estaría por ver.
Cuando el viernes en cuestión recogí a Santi en la puerta de la extinta Consejería de Vivienda y Urbanismo, en Toledo, la sensación que tuve fue de alivio e impaciencia a la vez.
Alivio porque mi amigo, que lo fue y sigue siendo, continuaba con las mismas “cosas” que lo hicieron excelso allá por los noventa cuando nos conocimos, una prueba de que no debíamos haber cambiado tanto; impaciencia porque aún faltaban tres horas para alcanzar la hora fijada para el encuentro, y no tenía la seguridad de que nuestros rostros nos fuesen fácilmente reconocibles.
El Caldero aún no estaba preparado para nuestra llegada, básicamente porque llegamos con casi una hora y media de adelanto, por lo que aprovechamos la circunstancia para refrescar nuestros gaznates con un vinejo y comentar nuestras vivencias, actuales y pasadas.

Alivio porque mi amigo, que lo fue y sigue siendo, continuaba con las mismas “cosas” que lo hicieron excelso allá por los noventa cuando nos conocimos, una prueba de que no debíamos haber cambiado tanto; impaciencia porque aún faltaban tres horas para alcanzar la hora fijada para el encuentro, y no tenía la seguridad de que nuestros rostros nos fuesen fácilmente reconocibles.
La hora convenida fue el inicio del desfile que os acercó hasta el restaurante: Pedro, Isma, Edu y Sabina, Ana García, Nuria, Sonia, Asun, Cris y Loli, Paloma, Merce, Iván, Corvillo, …, y Alfonso y Elenita, que llegaron los últimos. Creo que lo mejor de todo fue ver las caras que fuimos poniendo conforme fuimos llegando.
Recuerdo una sensación de: “¿y ahora qué?” cuando nos sentamos a la mesa.
Diez años antes éramos compañeros, y en muchos casos amigos; diez años después, conocidos desconocidos que tuvimos que esforzarnos para iniciar una conversación. La cena fue, simplemente, la excusa.

Y allí, transcurrido el tiempo, descubrimos que tras nuestras azarosas vidas, matrimonios, nacimientos y desaires laborales y personales, éramos los mismos que en 1996 separaron sus caminos, unidos casi a diario durante tres años en los que compartimos estudios y vivencias personales.
Reconozco que tuve la tentación de pensar que aquello fue un error. Aunque la mejor sorpresa de la noche fue comprobar que aquello teníamos que hacerlo; una especia de deuda con nosotros mismos que debíamos saldar, y a la que todos mostrasteis vuestro apoyo; y yo que llegué a tener dudas…
Gracias por aquella primera cena; gracias por vuestra asistencia; gracias por querer repetir; y gracias por transmitir a quiénes no vinieron en 1996, que mereció la pena.
Me consta que estuvimos muy a gusto, porque en 1997 repetimos.
Recuerdo una sensación de: “¿y ahora qué?” cuando nos sentamos a la mesa.
Diez años antes éramos compañeros, y en muchos casos amigos; diez años después, conocidos desconocidos que tuvimos que esforzarnos para iniciar una conversación. La cena fue, simplemente, la excusa.
Y allí, transcurrido el tiempo, descubrimos que tras nuestras azarosas vidas, matrimonios, nacimientos y desaires laborales y personales, éramos los mismos que en 1996 separaron sus caminos, unidos casi a diario durante tres años en los que compartimos estudios y vivencias personales.
Reconozco que tuve la tentación de pensar que aquello fue un error. Aunque la mejor sorpresa de la noche fue comprobar que aquello teníamos que hacerlo; una especia de deuda con nosotros mismos que debíamos saldar, y a la que todos mostrasteis vuestro apoyo; y yo que llegué a tener dudas…
Gracias por aquella primera cena; gracias por vuestra asistencia; gracias por querer repetir; y gracias por transmitir a quiénes no vinieron en 1996, que mereció la pena.
Me consta que estuvimos muy a gusto, porque en 1997 repetimos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario